martes, 7 de septiembre de 2010

(02) La Habitación más digna

Hay veces que me pasa que estoy muy segura de algo… Hasta que llega alguien con otra opinión a rebatirme y, es tan cierta, que me trago mis palabras y acato. Me pasa seguido en clases, cuando hablamos de temas que no manejo demasiado y que, aunque creía tener una idea, estaba lejos de la verdad que alguien más conoce tan bien, que me rindo ante ella y me quedo en silencio.

La habitación más digna en una casa… En la primera que pensé es en la pieza, porque es donde paso más tiempo, pero ¿qué tiene eso de digno? La cocina y el baño suenan demasiado cotidianos y útiles como para ser los más dignos; el living y el comedor demasiado protocolares y abandonados. Me queda solo la salita de estar, donde compartimos todos, donde estudiamos y descansamos, donde nos reímos, donde leemos, escuchamos música y hasta a veces, cuando estamos de ánimo, cantamos; donde están colgados nuestros recuerdos y almacenados nuestros libros… Y entonces el profesor levanta su voz para interrumpir mi recorrido con una potente, hermosa e innegable verdad “la pieza matrimonial es la habitación más digna” ¡Claro! Si la búsqueda de trascendencia del ser humano es lo que le entrega a las cosas su dignidad ¿qué más digno que aquel lugar donde puede ser engendrado otro ser? ¿Dónde podemos ser co-creadores del mundo? Una vez más, lo que creía cierto es reducido a la oscuridad ante la iluminación de aquel argumento.

Y entonces ¿Por qué no está tranquila mi mente? ¿Por qué por más convencida que esté de aquello, hay algo que no deja de dar vueltas en mi interior? Es que mi casa es una casa convencional, con una familia convencional: papá, mamá, hijos; dos perros, tres gallinas. En este escenario cabe decir (y me parece totalmente cierto) que la habitación más digna sea la matrimonial (aunque sé que ninguno de los tres fue engendrado ahí) Pero ¿y en una casa “no convencional”? Tengo dos tíos abuelos, mellizos, ambos sacerdotes, viven juntos ¿cuál es su habitación más digna? Tengo dos tías, solteras, ya casi solteronas, viven juntas en un departamento ¿qué pasa con ellas? ¿Y con mis primos numerarios que viven en sus casas del Opus Dei? ¿Y con todos aquellos que viven solos? ¿Y con todos los monasterios a lo ancho del mundo?

Vuelvo a mi salita de estar en este punto. Si no hay posibilidad de co-crear, de trascender por medio de la creación de otro ser a imagen y semejanza de Dios. Entonces, si la habitación más digna será la que más aporte al fin de trascendencia del ser humano y una de las maneras de trascender es por medio de otro tipo de creaciones, como por ejemplo poesía, literatura, música, artes plásticas; y todo eso aporta aun más cuando se es compartido con otro seres humanos (porque lo contemplado es más digno que lo no contemplado); la habitación más digna sería aquella en la que los seres humanos que viven en esa casa puedan compartir aquello que crearon, con fin de trascender, con otros seres humanos. O sea que en aquella casa donde no exista un lecho matrimonial, la habitación más digna sería aquel lugar común donde, en algún minuto del día, quienes habitan esa casa puedan compartir todo aquello que los hace trascender.

No vengo de una familia demasiado artista, pero es en la salita de estar donde compartimos todo.

Ignacia Pérez.


Nota: 6

Rojas dijo: iba por un camino y cambió de rumbo

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